A mi madre, Alicia Fernandez Molina (QDDG), quien fue la primera lectora de mi novela cuando recien nacieron en mi mente y corazón los eventos que iban a formar parte del libro. Conforme yo iba escribiendo los borradores de los capítulos, me acercaba a su lecho de enferma para compartirlos con ella. Mi madre sufría de Alzheimers, sin embargo, me hacía comentarios sobre la novela y me pedía que continuara leyendo los episodios vividos por Roxana y Diego.
A mi padre Fernando Brenes Aguilar (QDDG) por su gran colaboración en la edición final de la novela. Mi computadora en la cual tenía guardado el manuscrito de Promesas Rotas, sufrió un accidente tecnológico inevitable y junto con la computadora murió el intento de publicarla en la fecha que yo deseaba hacerlo. Cuando mi padre vivió conmigo en Lancaster, en el verano del año 2009, pacientemente sentado en su mecedora, con sus ancianos ojos recién operados de cataratas, me dictó de los borradores que yo había escrito a mano, uno a uno los capítulos del libro mientras me daba sus valiosos comentarios de un anciano con la vasta experiencia que le daban sus años al alcanzar casi un siglo de vida.

